VIII. Para pensar

  • “Lección de gramática”, de Berta Piñán (en asturiano)

¿Cómo se diz en wolof la palabra frontera, la palabra
patria? ¿Y en soninké? ¿Cómo-y llamáis al desamparu?
Si queréis decir en bereber, por exemplu, “yo tuvi una casa
nun arrabal de Rabat”, ¿ponéis nesti orde la frase? ¿Cómo
se conxuguen en bambara los verbos que lleven al norte,
qué axetivos-y cuadren a la palabra mar, a la palabra muerte?
Si tenéis que marchar, ¿ye la palabra adiós un sustantivu?
¿Cómo se pronuncia en diakhanké la palabra exiliu?
¿Hay que xuntar los llabios? ¿Duelen?
¿Qué pronomes usáis pal qu`espera
na playa, pal que regresa ensin nada?
Cuando señaláis p´allá, pa contra
casa, ¿qué adverbiu escoyéis?
¿Cómo se diz na vuestra, na nuestra llingua,
la palabra futuru?

  • Dos mini-cuentos del leonés Juan Pedro Aparicio

“EL REMEDIO (de El juego del diábolo, 2007, p. 55)

Preocupado por el incremento del racismo entre los hombres, Dios reunió en comisión a los arcángeles. Uno de ellos aventuró un remedio, que de ahora en adelante los negros engendraran solo hijos varones, mientras que los blancos exclusivamente hembras. Dios todavía no lo ha puesto en práctica.”

“LA SED DEL DIABLO (de La mitad del diablo, 2006, p. 155)

Era un joven océano azul y brillante. Un día el diablo le pidió agua y, compadecido, le dejó beber. Hoy es el desierto del Sahara.”

  • “Brega”, un relato breve del asturiano Xuan Bello

“Ya ves cómo es mi vida aquí. Con un hijo handicapé, sin hombre y esto que es tan grande, todo el día de un lado para otro, bregando, como en el pueblo pero más esclavo. La vida no va mal, no soy yo de las que se quejan, pero a veces una claro que está a punto de reventar. Pero mira, hijo: si voy a decirte la verdad, hace treinta años que me vine a París y no lo cambio por nada.

¿Que por qué vine? Porque tenía un hombre que me reventaba a palos. Era bueno, no te digo yo que no, pero en cuanto cogía la botella se convertía en otro. Un día me dijeron en el juzgado que ni separarme ni ostias: eran los años del Franquismo, ya sabes, y lo del divorcio era impensable; así que el juez me dijo: márchate, que te mata. Y ya me ves con dos maletas, una máquina de coser y un hijo handicapé de la mano.

Vine a servir, que aquí hay mucha señora. Y aquí llevo desde entonces. Ahora tengo lo de la portería, para arreglar lo de la jubilación, y vuelvo a Asturias una vez al año. A veces pienso en aquello, en aquella vida que tuve. Y en la que voy llevando, no pienses que tan arreglada. Pero la vida de los pobres es así, lo mismo para un turco que para un africano. Me lo decía hoy una senegalesa en Pigalle: toda la vida acarreando cántaros a la fuente en el pueblo y ahora acarreando miseria por París.

No sé si las cosas van a cambiar algún día. Yo, estar, estoy contenta: vine a este mundo sin nada, trabajé toda la vida y tengo un piso en Gijón. Cuando vuelvo a casa en metro, pienso si mereció la pena tirar por esta vida. Y miro a mi hijo y sé que sí.

(Tomado de Xuan Bello, La nieve y otros complementos circunstanciales, Zaragoza, Xordica, 2012, trad. José Luis Piquero, pp. 91-92)


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