Excursión al cementerio de Torrero: Ruta de la Memoria Histórica

José Antonio García · 27 de noviembre de 2015

El día 25 de noviembre, a partir de las 9:30 y con un tiempo atmosférico bastante desapacible, el conjunto del alumnado de 2º de bachillerato (A, B y C), acompañado por los profesores José María Gálvez (Geografía e Historia) y Miguel Ángel Velasco (Filosofía), inició una excursión al cementerio de Torrero que terminaría en el punto de partida hacia las 12:10.

A través de dicha actividad, patrocinada por los servicios educativos del ayuntamiento de Zaragoza, los monitores Regina y David (pertenecientes al grupo GozArte) condujeron a nuestros alumnos a diversos puntos del cementerio, en los cuales se recrearon aspectos relacionados con la pasada guerra civil española:

-El monumento a los caídos por la religión y por la patria, presidido por una gran cruz, se encuentra a la entrada del complejo y se trasladó en 1979, piedra a piedra, desde la plaza del Pilar. Paralelamente, se sentenció que en una guerra (como nuestra guerra civil) la primera víctima es la verdad. La propaganda favorable y la demonización del contrario hacen muy difícil ver las cosas claras.

-El mausoleo que recuerda a las víctimas del franquismo en Zaragoza por fusilamiento, desde el inicio de la sublevación militar hasta 1946. Aparecen sus nombres o una mera referencia a su sexo, y aparecen también sus edades (algunos fusilados tenían menos de 18 años). En el mausoleo, de color rojo sangre, puede leerse: “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros” (verso del poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda).

-La tapia del cementerio de Torrero, junto al mausoleo de Joaquín Costa, donde se fusilaba a los condenados. A propósito de esto, se mencionó al fraile capuchino Gumersindo de Estella, confesor de la cárcel de Torrero, que procuró aliviar espiritualmente a las víctimas y ayudar a sus familias, y que escribió un memorial de sus experiencias, del que se leyeron algunos extractos y se recordaron algunas anécdotas.

-Los andadores bajo los cuales se encontraban las fosas comunes donde se enterró a parte de los represaliados tras la sublevación de 1936, una parte de los cuales eran cadetes de la Academia, de filiación política dudosa o inequívocamente culpable para el bando sublevado.

-La capilla de los caídos y nichos anejos de los que murieron en Aragón, pertenecientes al bando nacional durante la guerra civil.

-Una capilla fúnebre de la familia Portolés, obra del arquitecto Francisco Albiñana, también fusilado en 1936.

-Por último, un sencillo mausoleo reciente que recuerda a todos los que murieron en España en defensa de la libertad.

Las últimas palabras de la monitora Regina son aleccionadoras: la guerra civil fue un hecho lamentable, hay que intentar la reconciliación de los españoles para ganar el futuro, pero no hay que pasar página hasta acabar de leerla, y hay que recordar con respeto a todos los injustamente olvidados.




---