Recordar es vivir

Por Francisco Martín   16 jun. 2015 · Compartir

Un texto nostálgico. Recordando actos y eventos de noticias encadenadas.

RECORDAR ES VIVIR

Siempre he pensado que la memoria es la morada de la identidad viva, es decir, presencial y, aun tiempo, en diferido, o sea, de las ausencias. La vida que es temporal, equivalente a mortal, no termina sino que desemboca en el océano de la inmortalidad. Y todo este flujo transcurre por los surcos de la memoria donde, según la meteorología humana, los recuerdos afloran más o menos.
Hace quince años que un grupo de profesores “iluminados” del IES Avempace organizó “Encuentros de Creación, Investigación y Difusión”.Enlace
Una utopía que terminó por no encontrar ese lugar que buscaba en el ámbito de la educación.
Entre el deseo y la realidad se interfieren, muchas veces, circunstancias ajenas a la voluntad que hacen que la vida, esa pasión por abrazar toda la realidad, se seque y solo quede en la arqueología de la memoria.
Por eso, hoy conviene acudir a esa fuente inagotable del anhelo que se embarcó en una aventura inédita y que desafortunadamente murió de éxito. Desde la perspectiva, desde la distancia, puedo reafirmar que el Proyecto sigue inacabado, pero no sin alma. Las
intenciones, por otra parte, son los motivos del movimiento y del cambio.
¿Qué tendrá la vida que la historia no quiere recoger? ¿O es la revés? ¿Porqué los humanos huimos del arte y solo aceptamos la resignación de la rutina? ¿Por qué los símbolos se acartonan nada más que se formulan?
El “Encuentro” fue una metáfora “oculta”. Quiso ser un espejo donde se reflejase, o asomase al menos, la vida de los profesores más allá de la función para la que son contratados. Aunque sea una obviedad, la vida se transciende a sí misma y siembra ecos
de inmortalidad. Los profesores deben acercarse, por ello, a la utopía de la educación, trascender el vector meramente profesional y susurrar lenguajes diferentes.
El ser humano es un ser inacabado, pero esta paradoja habla de que por esa misma condición se acaba o completa en el arte. El caudal de los profesores es inagotable. De ahí que la administración, o quién demonios sea, debería abrir las puertas y las ventanas de la enseñanza para que por ellas entrasen las experiencias adormecidas de los educadores. Estos, además de impartir doctrina, practican, es decir producen y consumen, el arte o conviven con él. Propiciar este movimiento recíproco enriquecería
no solo la metodología de la educación, sino los contenidos de la enseñanza.

Hace 15 años, los “iluminados” quisimos cambiar el mundo, perdón, la enseñanza. Y por eso planteamos la necesidad de crear foros, ferias, museos, fundaciones… donde abandonarnos y gozar con un diseño sugerente del espacio humanístico, en el que se
recogiera la primitiva sensibilidad de que no hay mayor placer que transmitirnos lo que sabemos y lo que sentimos, aquello tan lejano y tan cercano como es la felicidad.
Aunque sea por exclusión, vivimos también de aquello que pudo ser y no fue.

Ángel Longás Miguel, Doctor en Filosofía

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