La película se basa en la vida real del genio matemático y premio Nobel, John Nash, y su lucha contra la esquizofrenia.
Ron Howard, su director, explora de manera refrescante la tenue línea que separa el genio de la locura y, al mismo tiempo, plantea para el público la interrogante de qué es realidad y qué es ficción.
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Desde un principio entendemos que el tímido John Nash se encuentra al margen del grupo social que lo rodea, prefiriendo mantenerse ensimismado en un mundo de probabilidades numéricas, deleitando y exigiendo su mente con complejas formulaciones matemáticas.
Su propia capacidad intelectual, sin embargo, le permite en ocasión romper el hielo del aislamiento, ganarse el respeto y reconocimiento de sus pares, e interactuar en sociedad.
Sin estereotipos
De esta manera "Una mente bella" rompe el estereotipo del típico profesor chiflado.
Tal como Nash es seducido por los misterios matemáticos del azar, el mundo exterior también se encuentra atraído a la expresión de su intelecto.
Es así como su tesis de doctorado es elogiada, logra una cátedra prestigiosa en la universidad, es contratado por el gobierno para una labor de carácter secreto y conquista a una atractiva estudiante, interpretada por Jennifer Connelly, con quien se casa.
Pero no todo es lo que aparenta ser.
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Ron Howard logra manejar estas dos realidades para que, sin saberlo, estemos participando del mundo del protagonista tal como él lo percibe y entiende. Compartimos la subjetividad de John Nash durante la primera parte de la película y nos causa el mismo impacto que al protagonista cuando queda evidente que sufre de esquizofrenia.
Cambio de perspectiva
Ese cambio de perspectiva nos fuerza a tomar otra actitud hacia los personajes con los que simpatizamos y aceptamos como seres reales en esta historia, pero que ahora entendemos que sólo existen dentro de la mente del protagonista.
Ya tomamos una actitud objetiva y vemos a Nash desde afuera, cómo él enfrenta los trucos de su mente y cómo lucha por diferenciar a los personajes reales de los imaginados.
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Ella también se enfrenta a la interrogante de quién es su esposo. Ella se enamoró de él y de la belleza de su mente, que es la misma que lo tortura y lo ha alejado.
Ficción vs. realidad
John Nash, utiliza su propia destreza mental para combatir sus alucinaciones y, finalmente, lo logra. Pero es algo que definitivamente hace con la invaluable ayuda de su mujer, que es su punto de referencia con el mundo real.
Quizás, si la película falla en algo es en no destacar más lo que debió ser una labor estoica de amor y resignación de la esposa de John Nash para sobrevivir junto a él los desgarros de su enfermedad mental.
Aunque la película no la reconoce plenamente, en la vida real el matemático sí lo hace públicamente al final de la historia, durante su discurso de aceptación del premio Nobel que le fue otorgado en 1994.