«Dejad dormir a los perros dormidos«, esa fue la expresión que utilizó el primer ministro británico Robert Walpole cuando le preguntaron en el Parlamento por qué no hacía más para que se cumplieran las leyes de comercio y los británicos pudieran cobrar más impuestos a los colonos americanos. Todos sabían que se pagaban muchas menos tasas de las que se debían pagar y que existía el contrabando con la connivencia casi de un tolerante servicio de aduanas portuario, que no interfería demasiado en los cargamentos de los buques que salían o entraban de los puertos americanos.

Aquí, en castizo, diríamos aquello de «Mejor no meneallo«. ¿Qué pasó cuando algunos políticos ingleses se olvidaron del consejo de Walpole y decidieron subir las tasas, así como controlar más férreamente la situación? Pues que el descontento se desató y los colonos decidieron quitarse el yugo de la metrópoli. Episodios como el célebre Boston Tea Party anuncian la Guerra de la Independencia americana. La revolución de las colonias se hizo imparable.